La atítpica ‘Nothing is the News’, uno de los sencillos de lo último de Damien Jurado. El cantante de Seattle se encuentra de gira por España estos días.

QUE ALGUIEN LLORE A BERNARDA ALBA

Por Francisca Castillo

Bernarda Alba, diosa de la fertilidad destronada, por antonomasia viuda. Muerta rosa aún no marchita. Cinco hijas como cinco dedos de la mano, en la mano el bastón y en el bastón el mando, y en el mando el golpe que cierra ventanas al hambre de hembra de los temporeros. Bernarda Alba, matriarca andaluza. Suspiro universal del querer negado. Venus de barro, inmisericorde parca de pobre asilo. El pueblo lenguaraz entona el romance de Pepe el Romano. Las hermanas bordan en sudario de alpaca iniciales algebraicas, suma de dinero y perfidia. Angustias musita la maldición de los  balcones enrejados, bajo los tejados los crespones negros, agua estancada en la acequia. Pestilente arde en las calles el verano inoportuno. Y bajo la tierra, los sueños de estirpe, sepultados en el vientre de Adela, matriz y tumba. Se cierra el telón a ras de desconsuelo. Que alguien llore a Bernarda Alba, por Dios bendito.

La banda granadina Niños Mutantes presentan 'Hoy programa', de Radio 3

HACIA LA TORMENTA Y MÁS ALLÁ

Por Isabel Bono 


Cuando salgo de una librería elijo para volver el camino más largo. También dejo el ascensor para otro momento. Leer mientras se sube una escalera es muy peligroso, pero las pequeñas penitencias merecen la pena. ‘Heridas causadas por tres rinocerontes’ me pareció un milagro: era muy difícil contar lo que Fernando Sanmartín cuenta sin caer en ñoñerías y autocompasión. Siempre voy con retraso, ya lo he dicho, así que ahora llego a ‘Hacia la tormenta’. Palabras como, apuntes desorden insatisfecho hallazgos protección sin prisa alguna, me resultan extremadamente familiares. Cada libro que llega a destiempo me sacude doblemente, por el encuentro y por el tiempo perdido. Mira que si hubieras muerto sin llegar a leerlo, dice mi porcentaje dramático. Como si eso importara después. Pero sí importa, porque tengo la ilusión de que moriré más conforme. Bah, he visto el azul de los témpanos, bah, he leído a Kafka, podré decir. Podré decir bah, si es que eso existe.

‘Hacia la tormenta’ es el antidiario, no hay fechas, no hay orden, sólo fragmentos. La generosidad de este santo, Sanmartín, descorre las cortinas y nos abre la ventana, como haría un holandés, para que curioseemos su vida. Y nada me alegra más que encontrarme con el nacimiento de Yorgos, al que ya conocía por ‘Heridas…’, verlo nacer ahora, a destiempo, sabiendo su final feliz, su no final de niño que sigue creciendo entre la nieve y los erizos que custodian el estómago de su padre. Es muy difícil contar así, como él dice, anillando un poco de literatura a lo cotidiano. Porque, al final, lo que buscamos en un libro es que ese libro hable de nosotros, no de vampiros ni espadachines. Que nos hable de lo que no sabíamos de nosotros, o de eso que intuíamos y no sabíamos poner en palabras. 

Es eso, sólo hay eso, no hay grandes gestas y si las hay no me interesan lo más mínimo. Hay lo cotidiano, la vida. Y registrar esa santa vida por gusto, amén.

Volvemos a rendir homenaje al gran Bob Dylan. Hoy se cumplen exactamente 50 años de la publicación de su primer disco. Este ‘Talkin’ New York’ lo ilustra.

Nos despedimos con Thom Yorke: ‘Hearing Damage’.

EL SUEÑO DE GAIMAN

Por Carmen Alcaraz

¿Qué ocurre con los dioses cuando dejamos de creer en ellos? ¿Puede una deidad buscar un nuevo empleo? ¿Hay algo más allá de la eternidad de un ser? Estos son algunos de los interrogantes sobre los cuales gira en buena medida la obra del británico Neil Gaiman, un autor que bebe de las influencias de los más grandes y sabe aunar modernidad, tradición, realidad y surrealismo, conformando un universo tan propio como cautivador. 

Todo en él es raro y encantador, una lectura que se torna por momentos delirante y que nos presenta hechos cotidianos de una manera insólita y perturbadora, a través de personajes propios o reinventados que se presentan cada vez, como si fuera la primera, ante un lector que no puede más que esbozar una sonrisa a su llegada. Poéticamente salvaje, Gaiman ofrece al lector una mezcla de historias y ensoñaciones que pueden olerse, palparse y que deja en los labios un sabor particular, el de la complicidad. Porque cuando sueñas que caes, a veces despiertas; otras, la caída te mata; y en ocasiones, vuelas.

La gran Billy Holiday.



'THE WEST WING': TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE


Por Sergio Sánchez

‘The West Wing’ se establece, casi desde la sombra televisiva, como uno de los puntales más importantes en la ficción internacional de los últimos años. La serie, ideada por el laureado Aaron Sorkin (quién después creó ‘Studio 60’, sobre el estado del mundillo de la televisión en América, y ‘La Red Social’, el filme que habla de los inicios y la consolidación de Facebook), se introduce de lleno en la política estadounidense y mundial narrando el día a día del gabinete de la presidencia de los Estados Unidos.

A priori, este punto de partida puede resultar tedioso para muchos aquellos acostumbrados a series emitidas por las grandes networks, pero si uno se introduce en ella paulatinamente puede alcanzar los niveles de excitación televisiva tan sólo alcanzados por el visionado de las ‘The Wire’ o ‘Twin Peaks’. Palabras mayores.

Se trata de una serie, esta ‘The West Wing’, de personajes, sobre todo por la gran actuación de los actores, todos y cada uno increíblemente acoplados a sus roles. El presidente, Jed Bartlet (Martin Sheen), es el primero sin el cual no se entendería esta ficción y está interpretado de un modo magistral por el actor de ‘Apocalypse Now’, entre otras grandes, tanto que no extrañaría verlo en la lista real de presidentes de EE UU.

Porque Sorkin impregna de una inteligencia y creatividad a los personajes que la realidad se hace presente: cada capítulo de ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ (su título en español, recomendamos de nuevo huir del doblaje) es un homenaje a cada una de las personas que hacen que ‘Bartlet sea Bartlet’. El elenco es bien amplio: Leo McGarry, mano derecha del demócrata Bartlet y amigo de toda la vida, su conciencia cuando la situación desborda al presidente; el equipo de comunicación, integrado por Toby Ziegler, al frente, un hombre de fuertes convicciones y amor por su profesión que le hace ser demasiado perfeccionista, con los errores que ello conlleva; Josh Lyman, sin duda uno de los caracteres más carismáticos de esta serie de siete temporadas; su ayudante Donna Moss, joven insaciable e incansable que traslada en demasía su vida privada al ámbito laboral; Sam Seaborn, defensor a ultranza de los derechos políticos y sociales y con un talento innato para los discursos; y CJ Cregg, la jefa de prensa de la Casa Blanca, que debe mediar no sólo entre políticos y periodistas, sino luchar con sus propios demonios internos que la atormentan a cada paso que da.

Los capítulos corales son todo un acierto: la primera temporada sirve para poner a cada uno en su sitio, para presentar la serie y hacer que el espectador se sienta reconocido en cada uno de los personajes, porque aunque la vida real sea totalmente opuesta, al final del camino lo que cuenta son las decisiones humanas. Una vez se siente esa empatía con ellos, es cuando Sorkin y su equipo de guionistas comienzan a jugar con el argumento y a darle vueltas y más vueltas al guión. En la política, y más aún en la que se lleva a cabo en el país más poderoso del mundo, hay riesgos…, y qué riesgos. Nos aseguramos unos finales y principios de temporada espectaculares, al que otras series son incapaces ni siquiera de previsualizar o imaginar. Y el estilo de Aaron Sorkin, como siempre, envidiable. Sólo él puede hacer que un diálogo de diez minutos sobre alguna ley que a nadie importa o interesa, con medio equipo del gabinete presidencial danzando por los pasillos de la Casa Blanca puede parecer más entretenido que cualquier otra cosa, y a veces  hasta divertido. Y por supuesto, uno de los puntos fuertes de ‘The West Wing’ es la naturalidad de las escenas. Así, la gente que trabaja en el Ala Oeste se cruza en los pasillos y corredores, aparecen unos y desaparecen otros con una correlación de diálogos sencilla y atractiva. No existen, por tanto, cortes de escenas para cuadrar los cuarenta minutos habituales de las series actuales.

En resumen, ‘The West Wing’ es una de las mejores alternativas a las grandes existentes, incluso al cine que hoy en día se hace. Puede que no te guste la política, no importa, si eres de los que viste ‘Lost’ y te ‘enganchaste’, da una oportunidad a ésta, prueba con la primera temporada y verás el resultado.

Algo de Los Planetas para acabar.